LLAMADOS A SER MISIONEROS. P. Eduardo Machado, SVD, SECRETARIO DE MISIONES, PROVINCIA MÉXICO-CUBA.

Llamados a ser misioneros

“Como el padre me envió, así los envió yo” (Jn. 20,20)

Por P. Eduardo Machado, SVD

Esa es la frase que me llamó la atención antes de entrar al seminario. Jesús es el gran misionero enviado del padre y nos invita por ser bautizados a tener esa conciencia misionera.La Iglesia es misionera por naturaleza. Cuando tenía apenas 14 años entre al seminario del Verbo Divino en kirem, Mangalore, India. Cuando platiqué con mi padre sobre mi inquietud al entrar al seminario me apoyaron en mi decisión. Aquel entonces no tenía la noción sobre el sacerdote diocesano y a un sacerdote religioso. Aprendí en el seminario que existen varias congregaciones en el mundo entero. Una vez que entré tuve varias altas y bajas, pero nunca dudé que el Señor me llamaba.

P. Eduardo Machado, SVD, Secretario de Misiones, provincia México-Cuba

Ya llevó 34 años ordenados y me siento como que fue ayer. Me siento muy feliz y realizado como sacerdote y religioso. La palabra que fluye en mí corazón es de gratitud: doy gracias a Dios por el don de la vocación, y a cada uno de los que interactuaron conmigo durante estos años. Quisiera nombrar un escrito de un gran Obispo brasileño, monseñor Hélder Cámara: «Misión es partir, salir de sí. Es romper con el cascarón del egoísmo, que nos encierra en nosotros mismos. Misión es dejar de dar vueltas alrededor de nosotros mismos como si fuéramos el centro de la vida o del mundo. Misión es no dejarse bloquear por los problemas del pequeño mundo al que pertenecemos, la humanidad es mayor. “Misión es siempre partir, mas no significa devorar kilómetros, es, sobre todo, abrirse al prójimo como hermano, descubrirlo y encontrarlo».

Ser misionero es, en esencia, una vocación que nace del amor al prójimo y del deseo de transformar el mundo a través del servicio.

Uno de los aspectos más importantes de la misión es el testimonio. Más allá de las palabras, son las acciones las que realmente reflejan el compromiso de una persona con sus valores. Un misionero auténtico no solo habla de amor, justicia y paz, sino que los vive día a día. Esto implica actuar con coherencia, respetar la dignidad de cada ser humano y promover la igualdad y el bienestar común. En este sentido, la misión no se limita a un discurso religioso, sino que se convierte en una forma de vida.
Otro elemento fundamental del llamado misionero es la apertura al diálogo y al respeto por la diversidad. En un mundo cada vez más globalizado, convivimos con personas de distintas culturas, creencias y formas de pensar. Ser misionero no significa imponer ideas, sino compartir desde el respeto y la humildad. Es aprender también de los otros, reconocer sus valores y construir puentes de entendimiento que favorezcan la convivencia pacífica. A lo largo estos 34 años de la vida sacerdotal y religiosa, me ha tocado convivir con los cohermanos de distintas nacionalidades. Siempre me recuerdo esa frase del capítulo general “Un corazón y muchos rostros” Me siento México es como mi nueva patria y por lo tanto quisiera entregar mi vida aquí en México como lo hizo San José Freinademetz y otros tantos misioneros y religiosos.


En conclusión, ser misionero es responder a un llamado profundo que invita a vivir con sentido y compromiso. No se trata únicamente de realizar grandes obras, sino de transformar la realidad desde lo cotidiano, con pequeños gestos que reflejen amor, respeto y solidaridad. Cada persona tiene la capacidad de ser misionera en su propio entorno, contribuyendo a construir un mundo más justo, humano y esperanzador. La misión comienza en el corazón de cada uno y se extiende hacia los demás, recordándonos que todos estamos llamados a hacer del mundo un lugar mejor.

P. Edward Xavier, Machado SVD

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